LA ANSIEDAD EN TIEMPOS DE PANDEMIA

La llegada del coronavirus, COVID-19, nos ha cambiado la vida y nos ha llevado a enfrentarnos a situaciones para las que no estábamos preparados, confinamiento, aislamiento y todo lo que ha conllevado quedarnos en casa sin contacto social o familiar. Y como no estábamos preparados, todo nuestro ser, cuerpo, mente y emociones han quedado afectados.

Siempre he tenido pacientes con ansiedad, pero durante el confinamiento en las video-terapias, la ansiedad ha sido otra pandemia silenciosa. En la actualidad el 90% de mis pacientes tienen ansiedad. Vamos a ver qué es:

La ansiedad básicamente es un mecanismo defensivo, un sistema de alerta ante situaciones consideradas amenazantes. Es un mecanismo universal, se da en todas las personas, es normal y adaptativo, mejora el rendimiento y la capacidad de anticipación y respuesta. La función de la ansiedad es movilizar al organismo, mantenerlo alerta y dispuesto para interferir frente a los riesgos y amenazas. La ansiedad, pues, nos empuja a tomar medidas convenientes, (huir,  neutralizar, afrontar, adaptarse, etc), según el caso de la naturaleza del riesgo o peligro. El ser humano desea lo que tiene y desea conservar lo que tiene. La ansiedad pues, como mecanismo adaptativo, es buena, funcional, normal y no representa ninguna enfermedad o problema de salud. Sin embargo, muchas veces, este mecanismo funciona de forma alterada, es decir, produce problemas de salud y, en lugar de ayudarnos, nos incapacita. De repente dejamos de tener esa ansiedad normal para tener crisis continuas con síntomas que a veces, no solo nos asustan y nos confunden, (la taquicardia, ahogos o dolor en el pecho pueden hacernos creer que tenemos algún problema cardiológico),  sino que nos sentimos perdidos, paralizados y con miedo. Pero recuerda que la ansiedad es la lucecita que se enciende para que te des cuenta que algo en tu vida y en ti no funciona. Ella puede avisarte de eso y darte cuenta que es lo que tienes que arreglar para que esa lucecita deje de estar encendida. No te pelees con ella, sé que cuesta, pero es una batalla perdida de antemano, préstale atención, te habla aunque de entrada no entiendas su lenguaje. Escúchala atentamente y mira que te quiere decir.

Vivimos en una rutina constante, entramos, salimos, llenamos la agenda todo lo que podemos y las prisas son la receta diaria para mantenernos ocupados en el trabajo, con las amistades, juegos, cine, comidas, restaurantes, gimnasio. etc. Casi todas nuestras actividades son en contacto con el exterior por lo que vivimos en un mundo externo a nosotros mismos, lleno de prisas, velocidades, comemos deprisa, respiramos deprisa y lo peor, vivimos deprisa sin pararnos a sentir lo que nos ocurre por dentro. Y esto nos lleva a no conectar con nosotros mismos, a no escucharnos porque estamos muy pendientes del ruido que nos rodea. Incluso el de nuestra mente que parlotea sin parar sin dejarnos escuchar, realmente, que sentimos o qué nos pasa en nuestro espacio emocional.

Y entonces llegó el Covid y el confinamiento, la limitación del afuera, nos empujó al recogimiento y a quedarnos en casa. A muchas personas el no poder salir al exterior y hacer todo lo que antes hacían, les dio miedo y lo que parecía que eran quince días se fue extendiendo y la angustia de que el encierro no acababa nunca se fue acentuando, además de ver lo que ocurría fuera, devastador, desde casa en los medios de comunicación.

Y el ser humano, que cree que lo tiene todo controlado, no pudo sostener, porque nadie se lo ha enseñado, tal descontrol. Hay pacientes, incluso que, durante el confinamiento, creyeron llevarlo “bien” y es ahora cuando, ante tanta incertidumbre y miedo han empezado a sentir las crisis de ansiedad.

Ha llegado el momento quizás, de mirarte por dentro, de mirar hacia ese agujero que tanto miedo te da y ver que hay dentro, de revisar y reflexionar para darte cuenta qué se ha o se está moviendo en tu interior: A lo mejor no puedes sostener la soledad. o tienes miedo al virus, a enfermarte o a que enfermen tus seres queridos, quizás ha fallecido alguno y ni siquiera has podido ir a su funeral…Muchos son los motivos que pueden hacer que somatices todo lo que estás viviendo o que has vivido y que tu cuerpo siente expresándolo por medio de esa ansiedad que tanto detestas y que te ha agarrado sin poderte soltar.

Y como nadie nos ha enseñado a gestionar este estado, muchos de nosotros entramos en bucle en pensamientos negativos, nefastos y destructores sobre lo que nos pasa, cayendo de lleno en los miedos anticipatorios de una fantasía. O nos peleamos y enfadamos por estar así, entrando en guerra con nosotros mismos porque no sabemos controlar lo que nos pasa.

Respira…para y respira…muchas veces ponemos la atención en lo de afuera, el confinamiento, etc, cuando el miedo está a que ya no puedes escapar de ti y tienes que mirar a tu interior y aprender a vivir contigo, en paz.

La buena noticia es que puedes aprender a hacerlo, pero ¿cómo lo hago? Empezando a caminar poco a poco. Lo primordial es que aprendas a parar y estar en el aquí-ahora desde la calma y para eso, sería bueno que empezaras a respirar con consciencia, meditar, hacer relajaciones. Aquí te pongo una cortita pero puedes encontrar infinidad en internet.

  • También puedes hacer una lista de todo lo positivo que tienes en la vida y no en lo que No tienes. Y agradece.
  • Ser consciente de todo eso y empezar a disfrutarlo de verdad. Las limitaciones te las pones tú, porque no es lo que nos pasa, si no qué hacemos con lo que nos pasa.
  • Comer bien, una alimentación consciente nos ayuda a reforzar nuestro sistema inmune, tan necesario en estos tiempos. Pero también alimentar el resto de tu ser global, mente y emociones
  • Haz de tu mente tu aliada, en lugar de tu enemiga. Reflexiona y agradece tus recuerdos positivos, todo lo bueno que has logrado.
  • Haz algo de ejercicio. Incluso en el confinamiento hemos aprendido que podemos hacer muchísimas cosas.
  • Y sobre todo, alimenta el lazo que te une con tus seres queridos, de la forma que sea, pero es importante que te nutras de eso.
  • En resumidas cuentas, aprende a vivir el presente, tenemos una vida espléndida sea como sean los acontecimientos que la rodean. Y aprende también que, sientas lo que sientas, todo está bien, permítete abrazar todo lo que llegue a ti, porque no hay emociones malas, todas nos enseñan y de todas podemos aprender algo de nosotros mismos

Y si viene a visitarte esa temida ansiedad, no te pelees con ella, es una batalla perdida de antemano, como te decía al principio, préstale atención, te habla aunque de entrada no entiendas su lenguaje. Escúchala atentamente y mira que te quiere decir.

Es lo que ha hecho Magalí, en lugar de ser su enemiga, la convirtió en su aliada. Y desde esa unión y entendimiento avanzó para que su lucecita dejara de parpadear. Lee con atención la carta que Magalí le escribe a su ansiedad, seguro que puedes aprender y seguir creciendo…incluso puedes sentirte identificad@. Mil gracias Magalí por ser tan generosa y permitir publicarla. Has hecho un gran trabajo

Querida Ansiedad,
Tu visita fue inesperada. Quizá llevabas tiempo anunciándote, pero no supe reconocer tus pasos al acercarte.
Cuando llegaste, creí que quien llamaba a la puerta eran el Estrés y el Cansancio, dos viejos conocidos con los que he sabido lidiar anteriormente. Intenté mantener la puerta cerrada unos días más, aguantar la embestida de los golpes contra mi garganta con los que pedías paso insistentemente.
Cuando por fin lograste abrir la puerta, te me abalanzaste encima con un abrazo que me dejó sin aire. Me oprimiste el pecho y me apretaste el estómago. Dejaste caer todo tu peso sobre mi hasta el punto que sentí que no podía levantarme. Cuando intenté caminar, me arrastraste hacia atrás gritando “¡Para! ¡No puedes!”.
Desesperada, recurrí al Descanso, a quién pido ayuda pocas veces. Pero él poco pudo hacer: cuando me arropaba, tú venias a despertarme.
Luego se te unió el Miedo. ¡Menudo dúo vosotros dos!Tú apretándome el pecho y el estómago hasta hacerme llorar, y él susurrándome al oído: “Esta no te la vas a quitar de encima”.
Me refugié en los brazos del Amor, que gracias a Dios estaba allí para darme apoyo. Te rechacé, te odié, deseé con todas mis fuerzas que desaparecieras, pero no lo hiciste. Tuve que aprender a convivir contigo. Y al final el roce hace el cariño.
Un día me sorprendí a mi misma entablando conversación contigo.Me sorprendió lo mucho que habías venido a enseñarme sobre mi misma. Decidí invitar a la Reflexión a sentarse a la mesa con nosotras. Al principio la pobre se mostró muy confundida: no sabía bien como interpretar tu discurso. Pero con paciencia llegamos a algunas conclusiones.
Ahora hace algunos días que no te veo. De vez en cuando me parece oír tus pasos acercarse, pero al poco se alejan de nuevo y puedo respirar tranquila.
Últimamente veo al Descanso más a menudo, y dejo que se quede conmigo más tiempo que antes. Has hecho que me dé cuenta de lo mucho que lo necesito.
Además, he hecho una nueva amiga: la Calma. Ahora ella me acompaña siempre, incluso cuando el Descanso no está presente, y me ayuda a afrontar el día sin ti. A veces, cuando estoy muy ajetreada, la pierdo, pero entonces respiro profundamente y al abrir los ojos la Calma vuelve a estar allí, animándome con una leve sonrisa.
También procuro invitar regularmente a la Reflexión a tomar el té, y hablo con ella sobre cómo quiero ser y qué quiero hacer en la vida. Para leer bien los apuntes que elaboramos juntas, me he comprado unas gafas “del cerca”. Con ellas me miro atentamente y me entiendo mejor. Creo que con estas gafas también podré verte llegar si vuelves a acecharme.
Creo que no volveremos a vernos en una temporada. No te lo tomes mal, pero tengo nuevos planes que no te incluyen. Aún así, quiero despedirte dándote las gracias por todo lo que me has enseñado. Quizás tus métodos sean drásticos, pero he comprendido que viniste a advertirme de que algo iba mal, y que gracias a tu visita ahora avanzo hacia un lugar mejor. Confío que no te veas obligada a volver, pero si lo haces escucharé atentamente qué es lo que has venido a decirme sobre mi.
Te mando un beso y te adjunto algunos de los apuntes que hemos estado tomando con la Reflexión.
Gracias de nuevo,
Magalí

 

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